La señora María lleva quince años de casada con don Antonio, además de los seis que duraron de novios. En realidad, hace mucho que no es feliz, en parte por la mala vida que tiene con Antonio. Ella sabe que le es infiel, que es machista en el trato, que además es celoso y bebedor, pero no lo puede dejar porque piensa en todo el tiempo que ya ha pasado a su lado.
A Ricardo le sucede algo un poco similar: invirtió mucho dinero en un emprendimiento que lleva meses dándole pérdidas económicas, y aunque es claro que no va a haber una mejora, no toma la decisión de cerrar el negocio, porque piensa en todos los recursos humanos, económicos y de tiempo que ha invertido, y cree que tiene que valer la pena seguir. Y así, la pérdida se vuelve cada vez mayor.
Este sesgo se llama “falacia del costo hundido” y el antídoto podría ser un poco de pensamiento crítico.

Juan Carlos Gómez, SP.