El político de turno paga mucho dinero en publicidad y en unas personas que le manejen las redes sociales virtuales, pues tiene muy claro que casi nadie se pondrá a analizar sus propuestas, o su plan de gobierno, o su recorrido político… Realmente, lo que la gente suele hacer es votar por el candidato que más recordación tenga a la hora de marcar una X sobre el tarjetón. No importa si tiene escándalos, lo importante es que la gente hable de él, pues poquísimos usan la razón para pensar por sí mismos. Prefieren elegir lo que elige la mayoría, con la idea subterfugia de que “mi voto no va a hacer la diferencia”.
Algo similar le pasa a toda la gente que desperdicia el agua, o quema o cosas, o consume poliuretano, poliestireno o fomi, sabiendo que se demorarán 500 años en descomponerse. Piensan: “si todos lo hacen, aunque yo lo deje de hacer, eso no va a cambiar nada”. Y, adivinen qué… Como todos lo piensan, todos lo hacen, y nada cambia.
Este sesgo se llama “efecto manada” y el antídoto podría ser un poco de pensamiento crítico.
Juan Carlos Gómez, SP.